
Los resultados de PISA 2025 debieran ser una señal de alerta para nuestro sistema educativo. Chile retrocede en matemáticas y lectura respecto de 2022 y mantiene una distancia significativa del promedio de la OCDE. Particularmente preocupante es que solo el 41% de nuestros estudiantes alcanza el nivel mínimo de competencia matemática, mientras en lectura lo hace el 62%.
Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en mejorar posiciones en un ranking internacional. PISA evidencia algo más profundo: muchos estudiantes egresan de la educación obligatoria sin haber desarrollado aprendizajes fundamentales para desenvolverse autónomamente en la sociedad.
Necesitamos una política educativa que pregunte cuánto están aprendiendo, qué brechas
persisten y qué prácticas permiten cerrarlas. La recuperación de los aprendizajes debe ser un objetivo explícito y medible.
Esto exige fortalecer la capacidad de las escuelas para identificar dificultades, apoyar a los docentes con evidencia y estrategias efectivas, y utilizar la evaluación para mejorar la enseñanza. PISA no debiera leerse como una condena al sistema, sino como una oportunidad para revisar qué hacemos y qué cambiar. Si queremos mejorar la educación chilena, el indicador debe ser uno: que nuestros estudiantes efectivamente aprendan.
Dra. Nathaly Vera Gajardo
Vicedecana Facultad de Educación
Universidad Autónoma de Chile
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