Cáncer de mama: alimentación y hábitos cotidianos pueden contribuir a reducir el riesgo

La alimentación es uno de los factores que pueden influir en el riesgo de desarrollar cáncer de mama, pero su aporte debe entenderse en conjunto con la actividad física, el peso corporal y el consumo de alcohol. Con motivo de la conmemoración del 19 de octubre, Andrea Almendras Suazo, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Autónoma de Chile, Sede Temuco, aborda la importancia de mantener estos cuidados en el tiempo.

“Cuando hablamos de alimentación y cáncer de mama, es importante entender que no existe un alimento que, por sí solo, proteja frente a esta enfermedad. Lo relevante es mantener hábitos saludables de manera sostenida, con una alimentación variada, actividad física regular y un peso adecuado”, explica.

Esta perspectiva coincide con una revisión del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF), publicada en 2025, que examinó cómo los patrones alimentarios y de estilo de vida se relacionan con el riesgo de la enfermedad. Sus recomendaciones incluyen priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales; reducir las bebidas azucaradas y las carnes rojas y procesadas; realizar actividad física y evitar el alcohol. El énfasis está en la combinación de estas conductas.

El organismo también precisa que evitar el aumento de peso durante la vida adulta contribuye a disminuir el riesgo de cáncer de mama después de la menopausia. Respecto del alcohol, advierte que incluso consumos bajos aumentan el riesgo, por lo que recomienda evitarlo.

Información sin falsas expectativas

Almendras recalca que la educación alimentaria debe ayudar a tomar decisiones informadas, sin atribuir propiedades preventivas a determinados productos ni promover restricciones sin respaldo científico. La orientación, plantea, debe traducirse en cambios que las personas puedan incorporar y mantener en su vida cotidiana.

“También es importante evitar el alcohol y no caer en restricciones alimentarias basadas en mitos, como ocurre con algunos alimentos a los que se les atribuyen efectos negativos sin suficiente respaldo científico”, sostiene.

Reducir el riesgo, sin embargo, no significa eliminarlo: en el desarrollo de la enfermedad también intervienen factores como la edad y la predisposición genética. Por ello, una alimentación saludable no reemplaza los controles médicos ni los exámenes de detección indicados según la edad y los antecedentes personales. Consultar ante cambios en las mamas, como un bulto, alteraciones de la piel o secreciones anormales del pezón, permite iniciar una evaluación oportuna.

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