Las guerras que no vemos

Cada vez que un conflicto estalla en una región estratégica, la cobertura es inmediata: titulares, análisis y reacciones diplomáticas saturan la agenda global. Sin embargo, en la era digital, no basta con que una guerra exista; para ser “visible”, debe navegar las lógicas impuestas por plataformas, redes sociales y algoritmos.

Mientras ciertos conflictos dominan la narrativa durante semanas, otros avanzan en las sombras. No son menos devastadores, simplemente no logran ingresar a los circuitos que hoy determinan qué circula y qué se comparte.

Esta disparidad no es azarosa. El Global Peace Index 2025 registró 59 conflictos activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, solo una fracción mínima recibe atención sostenida. La pregunta es obligada: ¿por qué vemos ciertas guerras mientras ignoramos tantas otras?

La respuesta tradicional reside en la geopolítica: importan la seguridad, la energía y los equilibrios de poder. Pero hoy operan factores adicionales como la proximidad cultural y, sobre todo, dinámicas tecnológicas que amplifican o relegan hechos según su “rendimiento” digital.

Los datos de Vision of Humanity ilustran esta asimetría: se reportan más de 1.600 artículos por cada muerte civil en países de altos ingresos, frente a apenas 17 en naciones de bajos ingresos. Esta brecha no es solo informativa; revela una jerarquía de dolor donde ciertos sufrimientos son centrales y otros, meros márgenes.

Algo similar ocurre con el desplazamiento forzado. El Norwegian Refugee Council ha advertido que emergencias que involucran a millones de personas reciben cobertura nula. Esta invisibilidad tiene costos tangibles en la coordinación de ayuda humanitaria y en la respuesta política internacional.

En este escenario, ha emergido una capa nueva: el conflicto ya no llega primero a la prensa, sino que salta a la portada tras volverse viral. Imágenes y testimonios pueden forzar la atención sobre un silencio previo, pero esto somete la tragedia a la economía de la atención, donde la visibilidad es una disputa más dentro de la guerra.

Así, la intermediación algorítmica no solo organiza flujos de información; condiciona la urgencia política y la asignación de cooperación internacional. Lo que no logra insertarse en estos flujos queda fuera de las prioridades globales.

Quizás vemos solo aquello que logra atravesar los filtros editoriales, tecnológicos y geopolíticos que hoy ordenan nuestra mirada. No es solo un debate mediático; es un desafío entender cómo las arquitecturas digitales inciden en los procesos de decisión humana.

Al final, la pregunta más incómoda no es por qué algunas guerras quedan fuera de la portada, sino qué dice de nosotros el habernos acostumbrado a no verlas.

María Paz Belmar Castro

Vicedecana de la Facultad de Administración y Negocios

Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco

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