Empleo joven en La Araucanía

Hablar de empleo joven en La Araucanía no puede reducirse solo a revisar cifras de desocupación. Detrás de cada número hay jóvenes, familias y trayectorias marcadas por una pregunta muy concreta: ¿cómo ingreso al mundo laboral si nadie me entrega una primera oportunidad?

Los datos muestran que esta preocupación no es menor. En 2025, Chile registró 329.011 titulaciones en educación superior, de las cuales 238.716 correspondieron a pregrado. En La Araucanía, la cifra llegó a 20.358 titulaciones, con un aumento de 20,4% respecto del año anterior. No todas esas personas son jóvenes recién egresados, pero el dato sí permite dimensionar la presión que existe sobre el sistema formativo y el mercado laboral regional.

A ello se suma un escenario laboral complejo. El INE informó que la desocupación nacional alcanzó 9,1% en el trimestre febrero-abril de 2026, mientras quienes buscan trabajo por primera vez aumentaron 11,6%. En La Araucanía, la desocupación fue de 7,9%, pero con una informalidad laboral de 37,6%, cifra que obliga a mirar no solo cuántos empleos se generan, sino también la calidad de esas oportunidades. Más aún, el OCEC-UDP advirtió que el desempleo entre personas con educación superior completa y 29 años o menos llegó a 17% en el trimestre enero-marzo de 2026.

Por eso, el desafío no es únicamente que más jóvenes se titulen. El verdadero desafío es que puedan construir trayectorias laborales pertinentes y sostenibles en la región. Titularse es un logro enorme, especialmente para quienes son primera generación en la educación superior, pero ese esfuerzo no siempre encuentra una respuesta equivalente en el mundo del trabajo.

Durante años se ha instalado la idea de que la empleabilidad es una responsabilidad casi exclusiva de universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica. Donde las instituciones formadoras tenemos mucho que hacer: fortalecer prácticas tempranas, vincular la formación con problemas reales, desarrollar habilidades digitales y comunicacionales, y preparar mejor a los estudiantes para enfrentar procesos de selección.

Pero dejar todo el peso en la educación superior sería un error. La inserción laboral joven requiere una responsabilidad compartida. Las autoridades nacionales y regionales, los municipios, los servicios públicos, las empresas, los gremios y las organizaciones sociales deben ser parte activa de este esfuerzo. Abrir cupos de práctica, crear programas de primera experiencia laboral, implementar pasantías remuneradas, generar mentorías y diseñar procesos de inducción para egresados recientes no puede seguir siendo una excepción.

También se requiere un cambio cultural en quienes proveen empleo. Pedir experiencia a quien nunca ha tenido una oportunidad es una contradicción que limita el talento regional. Contratar jóvenes no significa bajar estándares, sino abrir espacios acompañados, con responsabilidades progresivas y condiciones justas para aprender, aportar y crecer.

formar capital humano para que otros territorios lo aprovechen. Si queremos desarrollo regional, necesitamos retener talento, generar oportunidades y confiar más en las nuevas generaciones.

El llamado es claro: a las autoridades, a impulsar una agenda regional de inserción laboral joven; a los municipios y servicios públicos, a abrir espacios reales de aprendizaje profesional; y al mundo privado, a crear programas propios de apoyo a jóvenes talentos.

Marco Luna Macalusso

Director Carrera Administración Pública

Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco

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